Las empresas españolas se posicionan frente a la falta de agua en el mundo

Que el petróleo se va a acabar es algo que se sabe desde hace ya décadas. Constantemente aparecen nuevos estudios alertando de que en cuarenta o cincuenta años se habrán terminado las reservas. Pero antes de que eso suceda, antes de que el crudo pase a ser sólo un mal recuerdo, otro bien, mucho más preciado, habrá desaparecido por el crecimiento de la población, la contaminación de las fuentes y el uso ineficiente de los recursos disponibles. Hablamos del agua dulce. ¿Qué pasará entonces? Que las desaladoras conquistarán el mundo... Frente a este panorama, las empresas españolas tienen mucho que decir.

Y es que los problemas de abastecimiento en las zonas secas de la península y en aquellas donde las sequías coyunturales se dan con cierta periodicidad han impulsado el desarrollo de las tecnologías de desalación desde los años sesenta. Una necesidad que ha convertido a muchas empresas de este país, en especial grandes constructoras como Ferrovial, Acciona o Sacyr, con importantes divisiones de agua, en líderes mundiales. Con proyecto de desalación en todo el mundo, sobre todo países árabes, estas infraestructuras ayudarán a aligerar la presión sobre las fuentes de agua dulce para que su agotamiento llegue lo más tarde posible.

Mientras tanto, el mercado del agua en el planeta, comprendido como todas aquellas actividades de suministro, construcción de infraestructuras, provisión de servicios y de equipamiento técnico, se ha disparado. En 2011, según la firma Global Water Intelligence, éste supuso casi 280.000 millones de euros y para 2020 podría superar los 750.000 millones. De hecho, según muchos expertos, éste es el mercado que más crece del mundo, espoleado por China, India y el conjunto de Sudamérica, donde la demanda de agua se ha disparado tanto como su crecimiento económico.

El problema del agua empeorará

Como resultado de esta tendencia varios organismos internacionales, entre ellos Naciones Unidas, prevén un cambio sustancial en la distribución global de los recursos hídricos a medio plazo, para homogeneizarse poco a poco (ahora se concentra principalmente en el hemisferio norte). Eso sí, la excepción seguirán siendo varios países de África, donde no disponen de los recursos naturales ni los medios técnicos y económicos para poner solución a este problema.

Como las fuentes hídricas son las que son, esta paulatina homogeneización provocará que a muchos países no les quede más remedio que adaptarse a una menor disponibilidad de agua y mayor precio. Valga como referencia Malta, Kuwait, Bélgica u Holanda, importadores de más del 80% del agua que consumen.

Del mismo modo, a medida que la población mundial siga creciendo el problema empeorará. Según datos de la ONU, si en estos momentos cerca de 1.200 millones de personas viven en zonas de escasez de agua, para 2015 las previsiones apuntan a 1.800 millones.

Antes de que la situación vaya a peor, los Objetivos de Desarrollo del Milenio apuntaron a la necesidad de crear nuevas infraestructuras en el sector del agua para hacer más eficiente su consumo, aunque aún estamos muy lejos de la situación ideal. No en vano, en los países más desarrollados, pese a las voces de alarma, el derroche continúa.

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